El hombre es un ser fundamentalmente histórico porque acumula testimonios que, a través del tiempo, dan muestras del bagaje espiritual y material que lo acompaña en la vida. Tanto es así que, parafraseando a los médicos legistas que dicen que “el cadáver habla”, los restos óseos de nuestros antepasados más remotos muestran signos de sus enfermedades y también –en algunos casos– de los tratamientos instituidos. Un ejemplo de ello son las trepanaciones de cráneo –con muestra de sobrevida y persistencia del paciente en el tiempo– practicadas en el pasado incaico de Perú.